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Comité Canadiense para Combatir los Crímenes Contra la Humanidad
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Retransmisión de mensaje:
Mi padre, que se encontraba a unos 100 metros, al ver esta situación comenzó a escapar subiendo una montaña. Los militares comienzan una intensa persecución que concluye al poco tiempo: emboscando a mi padre emprenden contra él con disparos de metralleta, acabando instantáneamente con su vida. Un militar me recoge y se llevan detenido al testigo, al que amenazan y ordenan que no cuente a nadie lo sucedido. Luego el testigo fue visitado durante varios meses todos los días, con amenazas y más golpes. Los militares me llevan a una casa de monjas, donde permanezco un mes hasta que mi familia paterna gestiona mi viaje a la Argentina, hace 30 años. Mis padres vivieron en Chile más de dos años, militando activamente a favor del proceso revolucionario y democrático encabezado por el Presidente Allende. En el norte de Chile mi padre tenia una actividad muy intensa, asesorando al entonces gobernador de la ciudad de Vicuña con quien tenía un gran amistad personal. Antes de que asesinaran a mis padres, el gobierno argentino mediante su cancillería pidió a las autoridades militares chilenas, en reiteradas ocasiones, por mi padre que era ciudadano argentino y por su familia. Como habían pasado más dos meses sin tener novedades, las autoridades argentinas agotaron las instancias de reclamo, sin tener ninguna respuesta positiva de las autoridades chilenas. La única respuesta fue la versión de que mis padres se autodinamitaron, quitándose la vida. Esta versión encendió muchas desconfianzas, pero no había mucha posibilidad de investigar. En 1990 una comisión de derechos humanos impulsó la investigación de los asesinatos y el testigo campesino denunció que mis padres fueron asesinados y que no se suicidaron, como decían los militares. Cuando se buscaba a los autores del asesinato la investigación fue trabada en 1991 por la fiscalía militar, luego la Corte Suprema le dio lugar a esta maniobra, quedando congelado el juicio. Hacia principios del 2000 el uniformado Pedro Bustos Rodríguez, quien en ese entonces trabajaba en inteligencia militar en el norte de Chile, declaró ante la justicia que mis padres fueron asesinados y que la versión que habían dado era falsa. Es por ello que hacia finales del 2000 presenté una querella criminal contra Pinochet y la lista de militares que estarían implicados en el asesinato de mis padres, para que se juzgue y castigue a los responsables. Después de varios viajes a Chile, y de mucha paciencia, la justicia chilena dio avances significativos en la investigación. Mi humilde homenaje a ellos es que valoro el respeto a la vida. Nadie puede dejar de respetar la vida de una persona digna, que expresa sus ideas, que trabaja por el prójimo y que sueña con un mundo mejor para todos. Muchas gracias.
G Comienzo © Comité Canadiense para Combatir los Crímenes Contra la Humanidad |