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Comité Canadiense para Combatir los Crímenes Contra la Humanidad
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LAPENA2000@aol.com To:
"Comite Canadien" <comitecanadien@post.com> Sent:
Tuesday, June 10, 2003 1:43 PM Subject:
[penadelbronx] DESDE VALPARAISO-CHILE
Los
intocables de la extrema riqueza bajo asedio La
espectacular ocupación, por parte de universitarios, de la sede del
coloquio entre Ricardo Lagos y los dueños de Chile fue impecable desde el
punto de vista ético (09/06/03)
LOS
DISTURBIOS QUE ocasionan daños a la propiedad pública y ponen en peligro
la integridad física de modestos funcionarios policiales e incluso de los
propios manifestantes resultan moralmente censurables. La mayoría de las
veces, los desmanes, como los que se han hecho comunes en Valparaíso, por
ser sede de utilería del Congreso Nacional, perjudican a municipios
pobres o que, al menos, no figuran entre los más acaudalados del país. La
contaminación provocada por las bombas lacrimógenas jamás llega a las
mansiones de La Dehesa o Lo Curro y la destrucción no alcanza a los semáforos
ni escaños del nuevo centro financiero de la capital, ahí a la entrada
de Las Condes. Así que los ricos e influyentes se enteran de estos
desmanes sólo a través de los noticiarios de la tele y de las fotos de
los diarios, junto con la noticia de la detención de decenas de
manifestantes y las heridas o contusiones de algunos efectivos policiales.
Las molestias afectan a las masas populares, que ven demorados hasta la
exasperación sus desplazamientos, como ha sucedido con frecuencia en el
último tiempo a cientos de automovilistas y miles de ciudadanos modestos
que se movilizan en buses y que han quedado atrapados en gigantescos tacos
a consecuencia de la toma del Troncal, única vía que une Valparaíso y
Viña con las ciudades del interior. A
causa de estos actos de vandalismo irracional, las demandas estudiantiles
a favor de cambios de fondo al sistema de financiamiento universitario se
han desprestigiado ante los ojos de la población, erosionando el apoyo
político que ellas requieren para tornarse viables. EL
OLOR DEL DINERO Y EL PODER Por
eso cabe saludar la creativa e ingeniosa iniciativa que tuvo un grupo de
universitarios, agrupados en el colectivo la Surda, de tomarse a comienzos
de junio la sede del Centro de Estudios Públicos (CEP), centro de
pensamiento de la derecha empresarial y organismo de fachada de los grupos
representativos de la extrema riqueza en Chile, justo cuando estaba a
punto de iniciarse allí un encuentro entre el Presidente Ricardo Lagos
con un puñado de hombres de negocios que son dueños de Chile. La
toma del local fue posible gracias a la increíble ineficiencia del
aparato de seguridad que protege al Presidente de la República, de lo que
se aprovecharon con una elevada dosis de ingenio y oportunismo la
treintena de muchachos que participó en el operativo. Ellos ocuparon la
mansión sin ejercer mayor violencia sobre las personas, al punto que
apenas un par de vidrios resultaron quebrados durante la maniobra. Cierto
que a la pasada por la cocina, donde se preparaba el cóctel para la
conspicua concurrencia, los ocupantes se zamparon algunos canapés y
probaron el caviar, pero no tocaron el güisqui y estuvieron muy lejos de
devorarse las exquisiteces, aunque no les habría costado nada hacerlo.
Consignó el diario “La Segunda: “A su paso por la cocina
"picaron" unos cuantos canapés, pero no tocaron las bebidas.
Fueron cuidadosos. No rompieron ni un vaso”. En
el segundo piso, se sentía el en aire el olor del poder económico.
Estaba la flor y nata de nuestra plutocracia. Mis respetos don Bruno
Philippi, excelentísimo señor presidente de Telefónica, empresa que
todos los meses se apropia de millones de pesos de los chilenos con cargos
inexplicables en las cuentas y que es regalona del Gobierno, que se las ha
jugado para imponer un régimen tarifaria que la favorezca. ¡Qué honor
estrechar su mano, señor Presidente de COPEC, don Felipe Lamarca. Siempre
quise conocer a don Segismundo Schulin-Zeuthen, santo cielo qué apellido
más impresionante y qué señor más distinguido, si rezuma poder, pero más
impresionante debe ser la oficina que ocupa y el sueldo que cobra como
gerente general del Banco de Chile. Si me parece estar en la corte
celestial, ahora mis ojos divisan a don José Antonio Guzmán, ahora hago
contacto visual con Carlos Urenda, con Eugenio Heiremans, con Hermann von
Mühlenbrock. Basta
mirarlos desde lejos para cachar que se trata de tipos arrogantes,
atildados, conscientes de lo que pesan en oro, aunque en su mayoría son
incapaces de distinguir entre precios y valores. Casi todos ellos figuran
en los listados de generosos contribuyentes de la UDI, aunque no faltan en
esta selecta concurrencia algunos antiguos revolucionarios, que en sus
tiempos mozos ocuparon locales y lucharon contra el capitalismo, pero que
ahora, a punta de una implacable renovación, son socialistas light,
inofensivos para los detentores de la extrema riqueza y, más que eso, muy
útiles para integrar directorios de grandes conglomerados y hacer lobby
ante los jerarcas del Gobierno de la Concertación. UNA
ACCION NO VIOLENTA Los
muchachos no le tocaron ni un pelo a tan conspicuos representantes de la
derecha económica del país. Se limitaron a sacar unos lienzos y lanzar
algunos gritos alusivos a sus reivindicaciones, los que fueron suficientes
para que algunos cluecos empresarios salieran corriendo a los baños de la
mansión. Informó
el diario “La Segunda” que los muchachos gritaban: "¡Concertación,
vergüenza nacional. Hay plata pa la coima y no para estudiar!... (bis)
Oh, le, lé; oh, la, lá, el gobierno de Lagos es muy empresarial"
(bis). Cuando
los representantes de la extrema riqueza vieron que algunos jóvenes subían
al segundo piso, empezaron a sacar cuentas mentales de cuánto podrían
ofrecer a sus captores en caso de un secuestro. Puras películas. Los jóvenes
se limitaron a unos diálogos crudos con los acaudalados, acusándolos de
egoístas, evasores de impuestos y corruptores, cargos acerca de cuya
validez la ciudadanía tiene perfecta conciencia, según se desprende de
cualquier estudio de la imagen que proyecta nuestra alta clase
empresarial. "La
política de autofinanciamiento tiene a todas las universidades al borde
de la quiebra... Con lo que ustedes podrían pagar de impuestos”
espetaban los muchachos a los extremadamente ricos, “alcanzaría para
financiar el gasto social que hoy día se quiere cubrir con la plata de
todos los chilenos a través del IVA". Especialmente
cómica fue la situación que protagonizó el gerente general de CMPC,
Arturo Mackenna, quien decidió echarse el pollo, siendo interpelado por
un puñado de jóvenes que le exigían dialogar. "No hay plata en los
liceos, en las universidades, loco, hasta cuándo", dijo uno de
ellos. Nótese el trato relajado que le dispensaba, semejante al que el
estudiante utiliza probablemente con su padre o hermano. Mackenna, momio
recalcitrante de toda una vida, pinochetista hasta la pared del frente,
salió con un chiste de pésimo gusto "Soy un demócrata".
Grosería, claro, que mereció la inmediata reacción juvenil: "Voh,
que vay a ser demócrata. Te hiciste rico gracias a nosotros y ahora soi
(sic) dueño de todo este país". Entonces Mackenna intenta romper el
cerco, pero los estudiantes lo asedian y le gritan: "¿Querís plata,
rico?", mientras le empiezan a tirar monedas. Mackenna, tipo
previsor, se agacha y las recoge. A la salida del recinto, poniendo cara
de prócer y engolando la voz, el ejecutivo de la Papelera declara:
"sólo quería ejercer mi derecho a moverme libremente". INSULSO
MINISTRO Mientras
tanto, en la vereda exterior del recinto, el Ministro del Interior montaba
en el caballo cólera. Amenazaba con las penas del infierno a los
muchachos, olvidando que en su ya remota juventud él jugó a ser
revolucionario y protagonizó episodios harto más violentos. Tal vez su
mayor inquietud, antes que los reclamos de los opulentos personeros que
aguardaban en el segundo piso, era la lumeada que podría recibir de
Ricardo Lagos, cuyo carácter no es precisamente jovial, máxime cuando
siente que alguien roza siquiera la dignidad de su cargo. Al
final, tras una demora que si se hubiese tratado de un incendio y de los
bomberos, habría significado que se quemara la manzana entera, Nunciatura
y otras embajadas incluidas, arribaron los pacos de las fuerzas de choque.
No tuvieron que prodigarse mayormente pues los muchachos salieron en forma
pacífica y hasta intentaron convidarles algunos canapés a los marcianos,
que eso parecen los pacos con su indumentaria de combate. Nadie
resultó lesionado, apenas dos vidrios rotos y unos cuantos canapés
menos. El grueso del cóctel se lo comieron los representantes de la
extrema riqueza, que tras el desalojo de los muchachos arrasaron con todo
el comistrajo y bebestrajo para mejorar el pulso y formulaban a diestra y
siniestra declaraciones ampulosas para denunciar que en el país se estaba
violando la sacrosanta propiedad privada y que estaba a punto de imperar
en plenitud la ley de la selva. Declaraciones que los muy patanes
formulaban justo cuando estaba por firmarse el TLC con Estados Unidos. Un
momiacho de tomo y lomo, Carlos Urenda, secretario del Consejo Directivo
del CEP, aseveró: "Esta es una muestra de que en el país no hay
autoridad y que cada uno hace lo que quiere". Como si la Casa Blanca
hubiese podido llegar a suscribir tal documento con un país sumido en el
caos económico y político. Por esa irresponsable declaración merecería
ser sometido a la Ley de Seguridad Interior del Estado este ricachón
insolente. El
insulso Ministro del Interior arremetió con todo contra los muchachos,
ordenando presentar una querella en contra de ellos. Dicen los que saben
que estuvo a punto de acusarlos de infracción a la dictatorial Ley de
Seguridad Interior del Estado, que la dictadura usó profusamente y que
los sucesivos gobiernos de la Concertación han mantenido intacta, vaya a
saber uno por qué. Criticando duramente a su correligionario, el diputado
Juan Bustos, un socialista de verdad, asumió la defensa de los acusados. NO
CEDER A LA TENTACIÓN VIOLENTISTA Desde
el punto de vista ético, el operativo de los jóvenes se inscribe en
forma impecable en la lucha no violenta, al estilo de la que promovieron
Gandhi y Martín Luther King y que impulsaron en tiempos de la dictadura
de Pinochet algunos próceres de la Concertación. La ocupación de la
sede del CEP no significó violencia contra las personas y, por el
contrario, fue un operativo que sirvió para dar amplia publicidad a las
demandas de los estudiantes y para dar un golpe a la conciencia de los dueños
del poder, metas que son propias de toda escaramuza de la lucha no
violenta. Igual,
claro, los jóvenes fueron a dar con sus huesos a una comisaría, de donde
los extrajo, libres de polvo y paja, el dictamen de la respectiva jueza.
Pero ahora encaran las querellas del Ministerio del Interior, empeñado en
echar bencina a la hoguera de las protestas estudiantiles, en vez de
felicitar a los jóvenes por su creatividad, audacia y renuncia al uso de
la violencia. Los
exponentes de la extrema riqueza denuncian, comprensiblemente, que aquí
se ha violado la propiedad privada, pero es absurdo que salga con la misma
monserga un gobierno progresista, como el de Ricardo Lagos. Un sector
social (los grandes empresarios) que ha lubricado la corrupción del
sector público, que ha protagonizado escándalos estilo Inverlink y que a
diario expolia a los chilenos con tarifas abusivas que cobran las empresas
que antes eran estatales y que ellos compraron a precio de huevo, carece
de autoridad moral para andar acusando a unas cuantas docenas de
estudiantes porque irrumpieron durante algunos minutos, sin hacer mayor daño,
en una reunión en que se concentraba el poder económico y político del
país. El
libelo que un triste abogado del Ministerio del Interior presentó al día
siguiente en la Corte de Apelaciones en contra de los estudiantes los
acusa de perturbar (no masturbar) gravemente la tranquilidad pública,
pero la verdad es que apenas unas cuantas decenas de individuos
extremadamente ricos fueron los afectados y el 99,9% de los chilenos no
experimentó molestia alguna. Muy distinto a lo que sucede cuando los vándalos
se toman la Alameda o el Troncal en Quilpué o las barras bravas salen a
festejar algún triunfo de sus equipos. ¿Por qué en tales casos el
oscuro abogadillo del Ministerio del Interior no se apresura a presentar
sus lúgubres escritos? ¿Por qué el Ministerio del Interior se lava las
manos cuando el lumpen destroza los bienes públicos en la empobrecida
ciudad de Valparaíso? ¿Acaso el recinto de los grandes empresarios es un
santuario de una dignidad muy superior a la del Ministerio de Educación,
que los estudiantes se habían tomado algunos días antes, acción que no
ameritó requerimiento judicial alguno por parte del Gobierno? El
Ministerio del Interior ha quedado doblemente en ridículo. En primer
lugar, por su extrema ineficiencia para adoptar medidas que evitaran una
acción tan espectacular como la que protagonizaron los jóvenes del grupo
La Surda. Segundo, por su increíble obsecuencia ante los exponentes de
extrema riqueza nacional. Cabe
esperar que la juventud persevere en esta nueva línea de acción de
protesta, que significa abandonar las manifestaciones violentas y el
vandalismo, que sólo sirven al lumpen y a individuos con al fonola
corrida, y que opten en cambio por operativos de sólido contenido moral
que dejen al descubierto las iniquidades y contradicciones del sistema
imperante, frente al cual el Gobierno se muestra tan complaciente. Es
probable, dada la estrechez de mente y corazón de que hace gala el
Ministerio del Interior, que estas acciones no violentas no eximan a sus
protagonistas de lumazos, detenciones y hasta cárcel, en circunstancias
de que los responsables del vandalismo salen libres de polvo y paja. Pero
sería lamentable que los jóvenes abandonaran la lucha no violenta y
cedieran a la tentación de insistir en la destrucción y la amenaza a la
integridad física de carabineros. En tal sentido, cabe esperar que
amenazas en orden a que si las querellas no son retiradas ellos incendiarán
la ciudad no pasen de ser simples bravatas. A
la postre, las acciones no violentas prestigian a quienes las ejecutan y
plantean crecientes problemas de conciencia a quienes las reprimen. No hay
que perder la esperanza de que estos últimos se sientan interpelados y se
reencuentren con los principios e ideales en nombre de los cuales se
encaramaron a las alturas en que se mueven hoy. Fuente:
http://www.granvalparaiso.cl/politicos/121.htm
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