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Comité Canadiense para Combatir los Crímenes Contra la Humanidad
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----- Original Message ----- From: LAPENA2000@aol.com To:
"Comite
Canadien" comitecanadien@post.com Sent: Tuesday, May 27, 2003 4:02 PM Subject: [penadelbronx] Los
del Mal Menor, Una alternativa para Que ?????
Las organizaciones sociales
tienen la palabra
Una
alternativa ¿para qué?
La necesidad de levantar una
alternativa de gobernabilidad desde las organizaciones sociales, que
represente las aspiraciones postergadas de la mayoría de los chilenos, es
indiscutible. También lo es el hecho que se presenta, ahora, la
oportunidad de intentarlo y que sería muy irresponsable dejar escapar la
coyuntura. Así lo demuestran el agotamiento del proyecto político de la
Concertación y el desmoronamiento ideológico y orgánico que sufren sus
partidos. La coalición de gobierno está pegoteada sólo por el
binominalismo, que obliga a conformar bloques electorales. Pero carece de
alma y coherencia política. La traición a su programa y a sus
compromisos democratizadores le ha quitado toda credibilidad. Sus actos de
corrupción y la responsabilidad que en ellos cabe a autoridades del más
alto nivel -por conocimiento, autorización o participación-, han minado
la moral de lo que fue un poderoso conglomerado que prometía cruzar el
Rubicón de la transición. Este es el último gobierno
de la Concertación y lo que resta del actual período presidencial se
gastará en sellar el pacto de alternancia con la derecha, blindando al
presidente de la amenaza de una acusación constitucional. Ha comenzado a
vivirse una transición al revés, de regreso a las fuerzas financieras y
políticas que instalaron y sostuvieron el terrorismo de Estado. El
pueblo, en su mayoría víctima del sistema, no tiene alternativa. Aquella
que balbucean algunos sectores de Izquierda, carece de viabilidad y se ha
jibarizado por su propio dogmatismo. Se requiere una propuesta amplia y
fuerte. Menos “partidizada” pero mucho más “politizada”. La
alternativa democrática y popular debe nacer de las organizaciones
sociales -de los trabajadores, profesionales, pobladores, estudiantes,
pequeños y medianos empresarios, indígenas, artistas e intelectuales,
jubilados, etc.-, convocando también a los militantes y simpatizantes de
partidos, movimientos y grupos opositores al sistema. No obstante, al poner manos a
la obra es necesario responder a la pregunta que muchos se hacen: ¿alternativa
de qué y para qué? Se trata de una alternativa
para desatar los nudos que dejó bien atados la dictadura. Son nudos de
todo tipo: institucionales y jurídicos, desde luego, pero también económicos,
sociales y culturales. Están contenidos principalmente en la Constitución
de 1980, que se debe cambiar en forma democrática y -por primera vez en
nuestra historia- mediante una Asamblea Constituyente, elegida por el
pueblo, y un plebiscito que ratifique la propuesta de los constituyentes. La soberanía popular tiene
que ser restablecida plenamente, con todas sus prerrogativas, para que
podamos sostener -con orgullo y seriedad- que vivimos en democracia. Pero también hay que desatar
aquel nudo, fuente de insoportable injusticia social, que es la economía
de mercado. La Constitución y el modelo económico se acoplan el uno con
el otro. Son monstruosidades que tienen la misma paternidad. El modelo
económico neoliberal impide construir una democracia verdadera que
garantice el derecho igualitario a salud, educación, vivienda, trabajo
estable y salario digno. Una alternativa real debe plantear,
necesariamente, la sustitución de un modelo que persigue el
“crecimiento” sin importar que el esfuerzo de muchos vaya a los
bolsillos de unos pocos. Hay que terminar con el espejismo de prosperidad
creado por el capital especulativo. Un país diferente, en cambio, debe
alentar al capital productivo generador de empleos. Chile en democracia
necesitará impulsar políticas orientadas al desarrollo integral de la
economía, cuidando las riquezas naturales y el medioambiente,
estableciendo el reparto equitativo de la riqueza, impulsando la integración
regional y fortaleciendo nuestra independencia, amenazada por el TLC con
EE.UU. y la anexión a la economía norteamericana en el Area de Libre
Comercio de las Américas (Alca). La brutal agresión
norteamericana a Iraq, que ha impuesto la “guerra preventiva” y con
ello la crisis total de las Naciones Unidas, es una notificación de los
extremos a que quiere llegar EE.UU. para consolidar su dominio universal.
La militarización ha llegado también a la región, ya es un hecho en
Colombia. Estamos ante un desafío a la soberanía e integridad de los
estados. Sólo podemos enfrentar esos peligros con unidad nacional y una sólida
vinculación latinoamericana. Nuestras Fuerzas Armadas deben ser invitadas
a un diálogo abierto sobre el destino de la soberanía y seguridad
nacional, en un continente convertido en colonia norteamericana con
gobernantes y ejércitos títeres. Por otra parte, la
alternativa democrática y popular de las organizaciones sociales no puede
ser un simple documento, otro más de esos programas que cada tanto
produce la rutina política. Las propuestas deben surgir
del pueblo, interpretar su diversidad y sintetizar sus anhelos. Las
decisiones sobre el camino a recorrer deben ser también producto de la
consulta y participación de diversos sectores sociales. La alternativa es
un proceso en sí misma. Acumulará fuerza y generará liderazgos como
resultado de la reflexión de millones de conciencias bien informadas. De
ese proceso de participación surgirán, también, los instrumentos políticos.
Se trata de un ejercicio concientizador y a la vez organizador. Discutir
ahora si el instrumento más adecuado es un partido y enzarzarse en ese
debate, es invertir las prioridades. El propio movimiento político-social,
construyendo la alternativa en sus luchas cotidianas, decidirá, en el
momento adecuado, cómo convertirá sus demandas y propuestas en una
alternativa de gobernabilidad. Lo que se pretende, en definitiva, es
politizar a un pueblo que está profundamente dañado en su conciencia y
en la capacidad para defender sus derechos. Querer “partidizar” al
movimiento, imponiéndole la hegemonía de un partido o creando otro ad
hoc, mataría este proyecto en su cuna. Los partidos y grupos políticos
con presencia en las organizaciones sociales, deben participar a través
de los dirigentes, militantes y activistas naturales en el movimiento
social. Esta es la concepción que plantea la Fuerza Social y Democrática,
por ejemplo, que ha causado la irritación de algunos sectores
quisquillosos que no perciben que en este proceso los núcleos políticos
más coherentes y activos capitalizarán adhesión y respeto popular. Construir la alternativa
requiere una conducción pluralista que admita la participación, en
igualdad de derechos, de todas las vertientes que confluyan en el mismo
propósito democratizador. Destazar el movimiento en partidos y grupos le
quitaría la fuerza que requiere la magnitud del objetivo. No basta con que el fracaso de la Concertación esté abriendo nuevos espacios políticos. Tampoco es suficiente que la alternativa popular se oriente en el mismo sentido de las aspiraciones que expresan las encuestas de opinión más serias. Cerca del 80% de los chilenos, según la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), quiere un plebiscito para reformar la Constitución. El mismo porcentaje aprueba el divorcio. Casi el 60% pide legalizar el aborto. El 76% prefiere que los servicios de agua potable, luz y teléfonos vuelvan a manos del Estado. Porcentajes superiores al 60% se pronuncian por terminar con la inamovilidad de los comandantes en jefe, la autonomía de las FF.AA., los senadores designados y el sistema binominal. Casi el 70% estima que el gobierno adopta sus decisiones influido por el empresariado. Esto corrobora la necesidad de una alternativa que represente las aspiraciones que no fue capaz de atender la Concertación, y que mucho menos resolverá un eventual gobierno de la UDI. La corriente subterránea de
la opinión popular debe encontrar un cauce de expresión y transformarse
en voluntad organizada. La mayoría ciudadana quiere
desatar los nudos de la dictadura. Pero estamos aún distantes de la
alternativa que nos permitirá zafarnos de la Concertación sin caer en la
parrilla de la derecha. A un elevado porcentaje de
chilenos (40% según Flacso, 52% según Latinobarómetro) les daría lo
mismo un gobierno no democrático. Más de un millón y medio de
ciudadanos no quiere participar en las elecciones. Esto es un enorme
lastre de despolitización que demuestra, asimismo, el débil trabajo
desarrollado por los partidos democráticos. Modificar una conciencia y un
estado de ánimo que han hibernado durante años, necesita un deshielo que
sólo pueden producir las organizaciones sociales y sus luchas MANUEL CABIESES DONOSO Los que asi piensan y ahora ven de esta manera las cosas,votaron por Ricardo Lagos y la Concertacion,ellos mismos se difinieron como los"del mal Menor". Diana.Recomiéndala To unsubscribe from this group, send an email to: penadelbronx-unsubscribe@yahoogroups.com
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